Voceros: comunicación más allá de las palabras

El movimiento es un lenguaje, no es ni estética ni decoración. Tampoco es una ilustración de la música, sino una expresión en sí”. Estas palabras de Mats Ek, bailarín y coreógrafo, quien fue director artístico del Cullberg Ballet de Suecia, ilustran sobre el poder que tiene nuestro cuerpo para expresar, proyectar y comunicar más allá de las palabras.

Sentimientos, estados de ánimo, emociones, ideas e, incluso, posiciones son voluntaria e involuntariamente expresadas mediante gestos, la posición de las manos y movimientos que se convierten en lenguaje.

Las palabras, el lenguaje verbal ocupa solo entre el 30 y el 40% de los mensajes que trasmitimos. Cada mensaje, intencional o no, está acompañado por una carga de contenidos en los que las competencias de comunicación no verbal son entre el 60 y el 70%. Dicho de otra manera, al entablar una conversación, dar un discurso, hacer una presentación o dictar una charla, el interlocutor no solo escucha las palabras de quien emite, sino que percibe, comprende, interpreta y ve escenarios en sus movimientos. Incluso la misma historia personal cuenta e influye en la manera como se percibe un mensaje. La entonación, la postura, el escenario, los movimientos, el contexto y el momento, son algunos de los factores que se suman al contenido mismo de las palabras, a su significado.

Un ejemplo muy sencillo es el que nos permite referir lenguaje de las manos; no en vano son el medio por el cual las personas con discapacidad auditiva se comunican. Todos, en mayor o menor medida, usamos las manos para acompañar y hasta enfatizar nuestras palabras. Hablamos con las manos cuando hacemos un gesto de paz, cuando elevamos el pulgar para dar una aprobación, cuando aplaudimos, cuando chasquemos los dedos, cuando las metemos en los bolsillos o las llevamos atrás.

Así como las manos, los ojos, la boca, los brazos, la cabeza, los pies, en fin, todo el cuerpo es un instrumento de expresión y comunicación por excelencia. Una mirada, un guiño, una mueca, los brazos cruzados, un pie martillando el piso, entre otras acciones muchas veces inconscientes, pueden brindarnos información acerca de la aprobación, el desinterés, la molestia o el rechazo hacia una persona o una situación.

Tener conciencia al respecto se convierte en una enorme oportunidad para actuar como un mejor emisor, como un vocero empoderado que acompaña su discurso con las competencias de comunicación adecuadas y pertinentes para atraer y mantener la atención de su audiencia. Conocer el poder de comunicación de la voz y del propio cuerpo, permite mayor seguridad y dominio sobre sí mismo, pero también el mejor manejo de aquellos a quienes nos dirigimos y el logro de los objetivos que perseguimos con cada mensaje: seducir, persuadir, vender… Es ese el poder de grandes líderes políticos, empresariales, religiosos, quienes encuentran en la comunicación no verbal un insumo para mover masas, convencer, influenciar y generar emociones, a veces, sin decir una sola palabra o sin trasmitir un mensaje muy profundo.

Por supuesto, no es solo transmisión de mensajes. Se trata de un ejercicio de comunicación, de doble vía, en el que las interpretaciones son fundamentales. Observar y escuchar son las herramientas para leer y entender las reacciones del otro y, en consecuencia, para saber si el mensaje emitido, compuesto por palabras, gestos, actitudes, entonaciones y movimientos, está siendo recibido como queremos que sea, como fue pensado y emitido.

Para saber más, escriba a contacto@efectocrp.com y pregunte por Entrenamiento a Voceros.

Tel (+57–1) 649 14 53

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