Consistencia: el encanto de la lluvia fina…

Hace unas semanas, en un blog que titulamos ‘Relacionamiento y Consistencia’, anotamos que “La calidad del relacionamiento interno redunda en lo obvio, es decir, en el clima laboral, en la cultura organizacional, en el trabajo en equipo, en los logros, pero también en la calidad de las relaciones externas. De ahí que la consistencia sea protagonista del relacionamiento estratégico en todas las organizaciones”.

Decidimos volver sobre la consistencia porque estamos seguros de su poder como pilar de cualquier estrategia de comunicaciones. A fuerza de consistencia, la estrategia de comunicaciones y relacionamiento puede acercarse más fácilmente al objetivo de posicionamiento que persiguen las marcas, los productos, las empresas, los líderes políticos, los artistas y, en fin, todos aquellos que buscan un lugar en el mercado, en la mente y en el corazón de sus grupos de interés, internos y externos.

La consistencia obra como la lluvia fina: esa que apenas si sentimos, que casi ni molesta y que nos deja seguir andando sin paraguas y sin acelerar el paso, pero que al cabo de un rato nos habrá mojado lo suficiente como para sentir que el frío pasa del abrigo a los huesos y que necesitamos un café. La consistencia implica lo verbal y lo no verbal: ser, actuar, parecer. Quiere decir, entonces, que la consistencia, la repetición estratégica y ordenada de aquello que queremos posicionar en la mente y en el corazón de nuestros grupos de interés, exige que palabras, actitudes, imágenes, emociones e intenciones, sean siempre coherentes entre sí. Que lo que digo esté de acuerdo con cómo lo digo. Que yo crea en lo que digo, para mostrar que lo creo y para que quien me escucha también lo crea.

 

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La próxima semana, el Rumor como herramienta de comunicaciones.

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