La Comunicación de hoy

La Comunicación de hoy

En esta época posmoderna, tal vez como en ninguna, de tantas formas y desde tan variados escenarios se está hablando del tema de la comunicación.

Hay una  oleada tecnológica  que impulsa más y tal vez mejores formas de comunicarse, lo que necesariamente se traduce en una coyuntura inversionista a la que se le apuesta y se le inyectan grandes cantidades de dinero. Y por último, existe una verdadera romería de personas interesadas en ser y en hacer, en hablar y en comunicar.

La era de la incomunicación: 

No se comunican las parejas, no se comunican las familias, no se comunican las empresas, no se comunican las sociedades lo que se traduce en una gran crisis donde el sello indeleble es la propia ambivalencia.

Así, si la comunicación es el elemento constructor de cualquier sociedad, se hace necesario repensar nuestro papel en medio de esta turbulencia:

o nos adaptamos o lo transformamos.

Es pensar si la comunicación debe estar al servicio del statu quo o por el contrario debe ser su elemento dinamizador, si la comunicación está hecha para amplificar lo que pasa o para cambiarlo, o si nuestro rol debe ser el de acomodarnos a lo que pasa o más bien el de ponerlo en duda.

Adaptarse es lo más fácil y tal vez lo más seguro. Transformar es lo más difícil, lo más incierto y tal vez lo más doloroso, porque implica una ruptura, empezando por nuestra propia forma de asumirnos como comunicadores, una ruptura que implica una mirada diferente a nuestra vocación entendida como el “yo quiero”, a nuestro talento, entendida como el “yo puedo” y a nuestra competencia profesional, entendida como el “yo sé”.

El mundo de hoy ha dejado de ser la suma de pequeñas realidades y se ha convertido en una gran aldea global.

La parroquia ya no existe y por eso es fundamental prepararse para abordar las diferentes realidades desde otro punto de vista.

Es necesario contar con herramientas que nos brinden la posibilidad de obtener una capacidad argumentativa lo suficientemente fuerte para defender nuestras propias ideas, capacidad, que incluye la posibilidad de escuchar y no sólo la de hablar. Es indudable que entre más escuche, más posibilidades tengo de hablar. 

Por eso, es interesante abordar la vida como un proceso incompleto, capaz siempre de mejorar. Ser creativo es aceptar el error, tanto el mío como el de los demás, vivir en permanente actitud de ensayo, donde lo más estimulante sea lo más difícil.

Una mente creativa siempre deja un espacio para la duda y ve más allá de lo que los demás no ven.

La comunicación es como la vida misma, que se transforma y enriquece a cada día.

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